5/13/2015

Cuatro meses más tarde

Hace cuatro meses que no subo nada a este blog. No si es mucho tiempo, si poco, si demasiado. Si me he quedado sin nada que decir o si simplemente me cuesta más darles forma. No he estado callada, he escrito #cosas sobre todo por aquí y por aquí. He estado viviendo, sonriendo, aprendiendo, disfrutando. Dos mil quince empezaba bonito, tan bonito como podía haber querido que empezase, y se está convirtiendo en un año lleno de cambios, de decisiones, de desprenderse un poco de miedos y atreverse mucho.

En los últimos meses,  he disfrutado de cada calle, cada esquina, cada rincón de París. He garabateado en libretas y  llenado la tarjeta de memoria de mi cámara a base de  instantes, de imágenes que fusionan paisajes con momentos que no tengo intención de olvidar. He aprendido que todo tiene solución frente a no sé cuántos litros de Devil’s beer y raciones de patatás bravás y tapás gourmandes. He escrito miles y miles de palabras  en cientos de mails que me sacaron alguna lágrima y no sé ya ni cuantas sonrisas. Me he re-encontrado con gente que llevaba demasiado tiempo lejos de mi vida y he aprendido, a buenas horas, que a veces está bien dar un abrazo y decir un te quiero sin necesitar motivos para ello. He encontrado a personas nuevas que parecen tener la intención de quedarse. Me he enamorado, por el camino, sin darme casi ni cuenta.

Y mientras hacía todo esto, pensaba en dónde estaba, en dónde quería estar, y me daba cuenta de que era hora de tomar una decisión.  A mediados de marzo dejaba mi trabajo, por un montón de razones, pero sobre todo porque no sentía que estuviese llevándome hacia donde quiero ir. En un mes dejaré París, aún no sé si definitiva o temporalmente, porque aún no sé muy bien qué pasará conmigo a partir de septiembre. De momento, mis planes a corto plazo pasan por pasar el verano en casa, disfrutando del siempre maravilloso verano gallego y su inigualable nivel de humedad.

Estoy poco, nada segura de qué voy a hacer con mi vida en unos meses y sin embargo, me siento tranquila, feliz, sosegada. De algún modo, tengo la sensación de por fin estar yendo a donde quiero ir, y de estar haciéndolo por un camino que no podría gustarme más. Que por mucho vértigo –no os imagináis cuánto- que me de dejar París, todo va a salir bien. Que a veces es tan sencillo como darte cuenta de que eres preciosa, de que puedes comerte el mundo, de que los problemas sin solución asustan menos cuando les echas la lengua que cuando dejas que puedan contigo.  Que todo es más fácil cuando te rodeas de las sonrisas más bonitas del mundo.


Prometo, prometo muchi, tratar de sacar un hueco más a menudo para contaros #cosas y teneros al día, sin que pasen cuatro meses hasta la próxima vez.