10/09/2014

Gracias, Andy

Voy a recordar a Andy en 2009 ganando Lieja, atacando sin miedo y pedaleando en solitario hacia la meta, hacia la victoria, hacia el infinito si hubiese hecho falta porque hacia allí le llevaban las piernas. Voy a recordarlo así, sorprendiendo, con chispa, con fuerza, con la garra de quien tiene un mundo por conquistar y muy poquito que perder. Poniendo los pilares de lo que soñábamos que sería (y ha sido) una gran carrera deportiva.

Voy a recordar a Andy en 2010, vestido de blanco, en su mano a mano con Contador. Atacando una y otra vez hasta que la carretera no dio más oportunidades para hacerlo y haciéndonos vivir uno de los Tours más emocionantes que recuerdo en los últimos años. Levantando los brazos en Morzine y en el Tourmalet. Puede que incluso recuerde, algo enfurruñada, los malditos 39 segundos que lo separaron de la victoria. Aquel segundo puesto que ni siquiera supo amargo, porque seguro que lo mejor aún estaba por llegar.

Voy a recordar a Andy por el verano de 2011, aquel en que el Tour fue mi mayor entretenimiento en medio de la húmeda campiña inglesa. Voy a recordar el ataque en la subida del Izoard y todas aquellas horas frente a la pantalla con la cabeza algo escondida detrás de un cojín, temerosa de que lo que estábamos viendo no fuese de verdad. El sueño amarillo en Alpe d’Huez, y otro segundo que sabía amargo, pero que se compensaba con la hazaña del Galibier.Voy a recordar a Andy por regalarme algunos de los momentos ciclistas que más he disfrutado a lo largo de mi vida, por cada tarde pegada al televisor, por la ilusión, por haberme hecho gritar, reír, llorar, aplaudir, saltar y morderme las uñas hasta los nudillos.

Voy a recordar a Andy exactamente así.

Voy a recordar a Andy con un cariño enorme, de ese que se tiene a las personas que, aun no conociendo personalmente, forman de algún modo parte de ti.

Del resto, que no es poco, seguro que se hablará. Pero no aquí, no ahora.  Aquí y ahora, me quedo con él haciendo lo que mejor sabía: pedalear hacia arriba, haciéndonos creer que volaba.



8/25/2014

Notas rápidas sobre Montebourg, Valls, y la dimisión del gobierno francés

La noticia del día saltaba pronto por la mañana, y venía esta vez desde tierras francesas: ¡¡Valls dimite!! ¡¡Francia se queda sin gobierno!! ¡¡Catástrofe!! Tras unos minutos de alboroto, resultaba que no, que Valls no dimitía, sino que dimitía su gobierno, y pongo en cursivas porque pese al verbo utilizado, lo que en realidad ha sucedido es que, harto de la fronda encabezada por Montebourg -hasta hoy, ministro de economía- durante la última semana, Hollande ha pedido a Valls que forme un nuevo gobierno, que se presentará mañana martes, probablemente sin Montebourg en sus filas.

Arnaud Montebourg, el artífice principal de esta crisis de gobierno, lleva un tiempo dando dolores de cabeza en el PS francés. Candidato a las primarias para las elecciones generales de 2010 (quedó tercero en la primera ronda de las mismas), representa al sector más a la izquierda del partido, y su discurso, de un marcado corte proteccionista, se ensaña a menudo contra bancos, mercados, y se posiciona a favor de movimientos indignados¿Qué hace entonces siendo Ministro de Economía del conocido neoliberal Manuel Valls? Bueno, ya sabéis lo que dicen: el enemigo, mejor cerca. Como Ministro de Economía, Montebourg estaría contento, callado, y no rompería la armonía interna del PS en un momento de debacle absoluta del partido.

El caramelo del ministerio, sin embargo, ha durado más bien poco, y apenas cinco meses tras su nombramiento ha tardado Montebourg en mostrar su descontento con las medidas tomadas por Hollande y Valls para intentar reflotar la economía francesa. Ya el  miércoles pasado, la frase  «Dimanche, je passe à l'attaque!» [el domingo paso al ataque] auguraba poco bueno. El sábado, la polémica continuaba con un artículo suyo en Le Monde y otro de Benoît Hamon (hasta ahora Ministro de Educación) en Le Parisien  atizando al gobierno y pidiendo un punto de inflexión en la política económica francesa, apostando por ralentizar la reducción del déficit y por tratar de impulsar el crecimiento de la demanda. El domingo, aprovechando la celebración de la Fiesta de la Rosa, y comparándose con la antigua fronda, voces dentro del PS comenzaron a decir que las elecciones no se habían ganado para hacer lo que se está haciendo dos años más tarde, mientras el propio Montebourg declaraba « Le ministre de l'économie que je suis a le devoir de ne pas se taire et de proposer des solutions alternatives » [como ministro de economía que soy, tengo el deber de no callarme y proponer soluciones alternativas], justificándose con que « la promesse de 2012 de remettre en marche l'économie, de retrouver la croissance et le plein emploi n'a pas fonctionné » [la promesa de 2012 de poner de nuevo en funcionamiento la economía, y de encontrar el crecimiento y el pleno empleo no ha funcionado]. No dudó tampoco en pedir un liderazgo alternativo de París contra Berlín.

Desde el Hôtel Matignon, residencia oficial del primer ministro francés, las declaraciones hablaban de líneas amarillas, y de que « Un ministre de l'’économie ne peut pas s’'exprimer ainsi, que ce soit sur la ligne économique du gouvernement auquel il appartient ou à l’'égard d'’un partenaire européen de la France » [un ministro de economía no puede expresarse así sobre la línea económica del gobierno al que pertenece o sobre sus socios europeos]. Mientras tanto, desde el Elíseo se evitaban declaraciones... hasta que esta mañana, Hollande pedía a Valls la formación de un nuevo gobierno coherente con las orientaciones definidas (por Valls) para Francia.




Parece que esta es la respuesta más clara al interrogante que planteaba Montebourg esta misma mañana, cuando declaraba que no sabía si mañana sería ministro. Añadía Montebourg que según su criterio, un gobierno no se deshace de ministros por aportar propuestas a un debate justificado. De los modos de presentación de dichas propuestas, claro, no ha dicho nada.

No se trata, por tanto, de una dimisión de todos los ministros en tromba por dignidad y coherencia con su programa electoral mientras el malvado Valls se apalanca en su sillón, sino del Presidente del país ordenando a su primer ministro la formación de un nuevo equipo por los problemas que ha dado el anterior. Dimitir, no deja de ser en este caso un eufemismo de "echar a la calle por bocachanclas".

Los meses siguen pasando en el mandato de François Hollande, que no deja de caer en las encuestas, mientras la recuperación económica se resiste a llegar, y las reformas de Valls no van a tener efecto inmediato. El verano está siendo agitado, con la UMP (el equivalente a nuestro PP) rehaciéndose, el antiguo Primer Ministro Alain Juppé posicionándose como candidato a liderar el partido, y Sarkozy coqueteando con volver. Además, datos económicos como que la recaudación del impuesto sobre la renta ha sido menor de lo esperado no dejan de poner a Valls contra las cuerdas. No es, en definitiva, el momento para jugar a disputas internas dentro del partido. 

¿Y ahora? El reto de formar un nuevo gobierno sin que esto implique dejar al sector más izquierdista del PS de lado provocando divisiones en el partido. Hasta ahora, Valls ha demostrado no tener miedo a seguir adelante con sus medidas pese a voces contrarias. Veremos en qué acaba el baño con tiburones.

7/27/2014

El cuarto más amargo

Mis primeros recuerdos de Valverde remontan a la Vuelta a España del año 2003. Por aquel entonces estaba yo enamorada hasta la médula, como buena pre-adolescente, de Oscar Sevilla. Oscar, la gran promesa del ciclismo español después de aquel séptimo puesto en el Tour de Francia del año 2001, en el que también se llevó la clasificación del mejor joven, no acababa de brillar tanto como habríamos esperado sus adeptos. Mientras tanto, uno de sus compañeros de equipo empezaba a despuntar y a hacerse un nombre en su segundo año como ciclista profesional. Siempre a la sombra de aquel minúsculo Roberto Heras que volaba cuando la carretera se ponía cuesta arriba, y de un Isidro Nozal que sorprendió a todos ese año, recuerdo ver pasar a Valverde por una de las últimas curvas del Alto de Abantos, en el que se disputaba la penúltima y decisiva etapa de aquella Vuelta: una cronoescalada. Lo recuerdo ver pasar, decía, como una bala (¡¡vas como una bala verde!!), con un pedaleo alegre y sin complejos que no había hecho más que aparecer en la escena del pelotón profesional, y que llegaba para quedarse. Alejandro acabó segundo en la contrarreloj y tercero en aquella Vuelta, su primer podio en una grande (con el tiempo vendrían otros tres podios y una victoria en la clasificación general en el año 2009 ). Oscar Sevilla, por su parte , tuvo que conformarse con un amargo duodécimo puesto en la clasificación general, con ser el noveno de la etapa y con una carta de amor perfumada que le hice llegar a través de su entonces director Vicente Belda.

Debo confesar que siempre le he tenido algo de manía a Valverde por haberlo hecho mejor que Oscar en aquella Vuelta. Sin embargo, Alejandro es el tipo de ciclista al que un día te descubres apoyando, sin saber muy bien cómo ha pasado. Desde sus primeras temporadas, Valverde empezó a ganar, a ganar mucho, a ganar bonito. Sus arranques, su punta de velocidad, su alegría al dar pedales hacían de él un ciclista diferente a los escaladores y vueltómanos a los que estábamos acostumbrados en España, y creo que fue probablemente gracias a él (sin olvidar por supuesto a Oscar Freire) que aprendí que había algo llamado Clásicas de Primavera y lo bonito que puede ser el mes de abril cuando le echas salsa de bicicletas.

Valverde fue el primer español en imponerse en una Lieja-Bastogne-Lieja (en 2006 y 2008), y en las 50 victorias como profesional que presenta su palmarés encontramos nombres como una Flecha Valona, dos veces la general de la Dauphiné Libéré, una Clásica de San Sebastian, un Tour de Romandia, dos clasificaciones generales del UCI Pro Tour, y hasta cinco medallas en Campeonatos del Mundo.

Sin embargo, y pese a haber forjado un palmarés que nunca sabremos lo que podría haber sido, Alejandro tenía un sueño. Un sueño vestido de julio y girasoles que serpenteaba por las carreteras francesas, atrayendo la atención de medio mundo. Alejandro soñaba con el Tour. A lo largo de la última década, hemos visto como el murciano deshechaba objetivos más adaptados a sus características para centrar su preparación en este sueño. Año tras año, hemos soñado con que igual esta vez sí, y nos hemos dado batacazo tras batacazo. Valverde se ha vestido de amarillo, ha levantado los brazos y se ha llevado hasta 4 victorias de etapa en la ronda gala, ha luchado con los mejores en la montaña.... pero no fue suficiente. Año tras año, también, las tres semanas se hacían demasiado largas, o una caída jugaba una mala pasada, y los minutos acababan pesando en la clasificación general.

El clamor general que te anima la decisión más sensata suele servir de poco cuando estás empeñado en conseguir algo, así que no seré yo quien reproche a Valverde el haberlo intentado hasta que la carretera ha dicho basta. Y no lo haré precisamente porque creo  que de lo único que debemos arrepentirnos, es de no haberlo intentado.



La decisión del equipo Movistar de traer a Valverde a esta edición del Tour fue criticada por más de uno (y aquí me incluyo) por implicar con ella la exclusión de Nairo Quintana, segundo en París el año pasado. Él, sin embargo, se veía con nivel suficiente para subir a uno de los cajones del podio. Pese a las circunstancias a priori adversas, la eliminación a las primeras de cambio de dos de los grandes favoritos, Contador y Froome, aumentaba las posibilidades para Valverde, que veía su objetivo más cerca que nunca. Por primera vez, lo vimos plantear el Tour perfecto. Sin la explosividad que solía caracterizarlo, pero con cabeza y sangre fría, regulando fuerzas, respaldado por su equipo, y sin rastro alguno de las temidas valverdadas. Pero como suele decirse, el Tour es el Tour, y no perdona. La tercera semana se hizo demasiado larga, los segundos se iban escapando puerto tras puerto, y la contrarreloj final acabó con esa esperanza que muchos teníamos de ver al murciano alcanzando, por fin, su ansiado objetivo.

Hay muchas cosas que podemos criticar cuando hablamos de ciclismo, y del modo en que se plantea una carrera, pero no seré yo quien reproche a nadie  que sus piernas no vayan tan rápido como nos gustaría. No cuando ese alguien ha dado todo lo que tenía y no ha cometido un solo fallo. Ayer fue un día triste. Triste para Alejandro Valverde, triste para los valverdistas, triste para los ilusos que aun creemos que los sueños siempre acaban por llegar cuando se persiguen  toda una vida. Lo que no fue, en ningún caso, es un día para el reproche, como tampoco lo fue el año pasado cuando Contador acabó el Tour en la misma cuarta posición de la general final.

Ayer forjaba las líneas de este pequeño homenaje en mi cabeza, mientras esperaba nerviosa a que Valverde bajase por la rampa de salida, aún esperanzada -convencida, incluso- de que alguno los dos franceses no tuviese un buen día. Recordaba ayer el susto que le pegué hace apenas dos semanas en Mulhouse deseándole suerte a gritos, y recordaba, sobre todo, la primera vez que hablé con él, en lo alto del Morredero, en la Vuelta a España de 2006, tras esperar (y convencer a mi padre de que no podíamos irnos de ninguna manera) en la puerta del camión antidopping (Alejandro había ganado la etapa) a que saliera.

-¡Alejandro, he subido en bici!

-¡Pero cómo te crees que he subido yo!

Recuerdo verlo pasar tan rápido que me parecía difícil pensar que habíamos usado el mismo medio de transporte para llegar hasta allí. Esa bici que le (nos) ha dado tantas alegrías, y en ocasiones como ayer, algún que otro disgusto. En esa bici a la que aún le quedan muchas cosas que decir, muchas victorias que saborear, muchos sueños que cumplir. Muchas veces en las que hacernos gritar desde las cunetas ¡¡vas como una bala verde!!




7/25/2014

We shall fight on the beaches

"Look how many of them there were
Look how young they were
They died for your freedom
Hold back your tears and keep silent"


Así recibe a sus visitantes el Cementerio Estadounidense de Normandía, situado en lo alto del acantilado que domina Omaha Beach, la más dura de tomar de las playas de la costa francesa en la que desembarcaron las tropas aliadas a lo largo de aquel D-Day, el 8 de junio de 1944.


El Cementerio, en el que descansan hasta 9387 soldados, es un lugar en el que se respira silencio, respeto, y sobre todo un agradecimiento inmenso hacia quienes hace ahora 70 años desembarcaron de sus naves y dejaron sus vidas en la arena de aquellas playas, por darnos la libertad.

Es difícil explicar lo que se siente al pasear entre los miles de cruces salpicados por alguna estrella, en medio del silencio más absoluto, y saber que si estás ahí es, precisamente, gracias a quienes descansan bajo tus pasos. El sentimiento de amor por tu vida, el nudo en el estómago, la sensación de que tú que puedes, les debes a todos y cada uno de ellos el vivir cada segundo como si fuese el último. 


If ever proof we needed that we fought for a cause and not for conquest it could be found in these cemeteries. Here was our only contest: all we asked... was enough... soil in which to bury our gallant dead



Brilla el Sol en Omaha Beach, pero apenas nadie se acerca al agua. Poco se escucha más allá del ruido de las olas, que acarician tranquilas la arena. La marea está baja, el mar en calma. Poco que ver con las imágenes que acabamos de ver en el Centro de Interpretación del Cementerio, en las que el mar sí estaba agitado. Poco que ver con los soldados cayendo a decenas, las trampas en medio de la arena, el fuego, las explosiones, el dolor de la guerra.

Parece, que la playa se haya quedado callada desde entonces, guardando los recuerdos de ese horror que fue la Segunda Guerra Mundial, como si fuese su deber el recordarnos de lo que es capaz el hombre, preservar la memoria de lo acontecido para evitar que vuelva a ocurrir.



We shall fight on the beaches, habia dicho Churchill cuatro años antes, en junio 1940, tras la retirada de las tropas inglesas de Dunkerke, que lograron dejar el país galo y evitar una masacre tras la ocupación de Francia por parte de las fuerzas nazis. 

We shall fight on the beaches, dijo, y fue precisamente en esas playas de la costa francesa, cuyos nombres en clave se han convertido ya en un símbolo para la historia, donde las tropas aliadas empezaron el largo camino que llevó a la liberación de Europa, y, en definitiva, a la vida tal y como hoy la conocemos en Occidente.


En el camino de vuelta, decido parar un momento en el mirador del cementerio desde el cual se observa la playa. Allí, un hombre de avanzada edad, rodeado por su familia trata de hablar pero no le salen las palabras. Se le caen las lágrimas. Su hijo nos cuenta a los que estamos a su alrededor que desembarcó allí cuando tenía solo 19 años, y que han decidido venir todos juntos por el aniversario. No soy capaz de llorar. No soy capaz siquiera de darle las gracias. 

Y sin embargo, pocas veces he tenido tantas ganas de dar las gracias. Tantas ganas de llorar. 


7/06/2014

Guía del Tour de Francia para Dummies

Sé que llego un poco tarde, sí, con el Tour ya empezado y con tropecientas guías y análisis de gran calidad circulando por internet (¡click, click !). Pero claro, habéis venido a quejaros por tuiter de que a los profanos en materia ciclista nadie os ha contado nada, de que no os he informado en condiciones... y una se ve obligada a abrir sus tropecientas guías del Tour y seleccionar qué contaros para que vosotros, expertos todólogos, podáis salir a la calle y parecer auténticos expertos sobre el mundo de las dos ruedas y los pedales.

Empecemos por el principio. Durante tres semanas al año, los ojos del mundo se dirigen cada tarde, a eso de la siesta menos cuarto, hacia las carreteras de Francia, por las que una serpiente multicolor sube, baja, da vueltas sobre sí misma, se pelea con el calor, la lluvia, el viento, los puertos, los muros, las rotondas y se encuentra con esa marea humana que lo acompaña allá donde va. Seguro que os suena. Seguro que en algún momento de vuestras vidas habéis abierto un ojo en plena fase REM y visto a un montón de gente sudando bajo el sol al lado de un inmenso campo de girasoles. Eso es el Tour.

Recapitulando: el Tour es una carrera de tres semanas, es decir, 21 días exactos de competición. ¿Pero Ari, cómo van a ser 21 días exactos si empieza un sábado y acaba un domingo y eso son más de tres semanas? Pues porque aunque los ciclistas sean casi supra-humanos, tienen derecho a descansar de vez en cuando, en este caso dos días a lo largo de la carrera (descansan todos juntos, claro, no es que cada uno pueda elegir la etapa que más le disguste para seguirla desde el coche comiéndose un helado). Es, junto con el Giro de Italia y la Vuelta a España, una de las tres grandes vueltas (es decir, vueltas de tres semanas) del calendario ciclista. Sin embargo, el Tour es mucho más que una carrera. El aparato mediático que rodea a la misma, así como su caravana publicitaria, lo convierten en un evento que va más allá de lo deportivo. El aura de grandeza y épica ligados a las más de cien ediciones de la carrera gala hacen de ella el espectáculo ciclista por excelencia. El Tour es, además, uno de los mejores escaparates turísticos de Francia . La realización lo sabe, y el recorrido de la prueba no escatima en enseñar y lucir todas las imágenes posibles de lugares emblemáticos y turísticos a su paso.


Debéis saber, y esto es importante, porque quiero que cuando acabéis de leer este artículo podáis haceros pasar por auténticos expertos, que el Tour no es para tanto. O eso dicen los verdaderos aficionados al ciclismo (a la vez que se disponen a pasar 21 días encerrados en casa frente a sus pantallas analizando cada mínimo detalle de la carrera, pero no es para tanto). El ciclismo de verdad -porque el Tour es un producto mediático y no es una imagen real- es el que tiene lugar en primavera, cuando todos se vuelven locos entre muros y piedras.Guardad estos dos nombres en la cabeza: Tour de Flandes y Paris Roubaix; y, si os cruzáis con algún despistado que os empiece a hablar de Contador y sus posibilidades para el Tour, vosotros lo miraréis con un ligero aire de superioridad y diréis "después de lo que hizo este año Cancellara en Flandes, no creo que la temporada pueda dar más de sí". Ya está, todos en el bolsillo.

Y ahora, sigamos con el Tour. 21 días. Carreteras francesas. ¡¡Pero Ari, si ayer vi en la tele que estaban en Inglaterra y que la Middleton le daba el maillot amarillo ese a un rubio!! Cierto. Como os decía, el Tour va más allá de ser una simple carrera ciclista, es un producto que mueve un gran número de espectadores, y su organización conoce desde hace tiempo cómo jugar con ello. Además, para una ciudad, el hecho de ser salida o llegada de una etapa del Tour supone un escaparate incomparable para llegar a los ojos del mundo. Por todo esto y por muchas más cosas, el Tour ha salido este año de Gran Bretaña, y más concretamente de la ciudad de Leeds. Esto ha gustado a unos más y a otros menos (¡¡qué sentido tiene que el Tour de Francia salga de Inglaterra!!), pero lo bueno de ponerme a escribir esta guía un día después del comienzo del Tour, es que puedo contaros que lo de ayer fue una pasada. La cantidad de gente agolpada a los lados de la carretera, dando la sensación de estar en el Tourmalet a cada cota de cuarta categoría que se pasaba, fue sencillamente espectacular, y confirma que este Grand Départ fuera de casa ha sido todo un acierto de la organización.



¿Pero todo esto para qué?

Y ahora, vamos a lo importante. Más allá de escaparates publicitarios y locura mediática, el Tour está ahí para que alguien lo gane. ¿Y quién va a ganar el Tour? Pues el ciclista que, sumados el tiempo realizado en cada etapa, haya sido el más rápido de todos, y llegue a París vestido con el maillot amarillo. Para ello, quien aspire a este trofeo, deberá de ser no solo el más rápido, sino también increíblemente regular, resistente, calculador y, por supuesto, contar con un equipo que trabaje para él, lo salve de todos los problemas que sea posible y se encargue de llevarlo en volandas hasta los momentos clave donde el líder deba demostrar, solo ante el peligro, que es de verdad merecedor de la túnica amarilla.

Además de quienes llegan al Tour con el objetivo de ganarlo -los menos-, la carrera gala ofrece infinidad de pequeñas luchas que dan emoción a la competición. Así, os encontraréis con quienes vienen a tratar de cazar una etapa, quienes vienen a por muchas etapas (los sprinters, es decir, esos señores muy rápidos que ganan en llegadas masivas y llegan los últimos en las etapas de montaña), y quienes vienen con el único objetivo de ser capaces de llegar a París y ayudar a su líder por el camino.

No solo de maillots amarillos vive el hombre, y no solo la clasificación general importa en el Tour. Está también la lucha por el maillot de la montaña, blanco de puntos rojos que se concede al mejor escalador; por la regularidad, de color verde, que suele acabar vestido por algún sprinter; y el blanco, destinado al mejor joven (de menos de 25 años) de la clasificación general. No nos olvidemos tampoco de la clasificación por equipos (suma los tiempos de los tres primeros corredores de cada equipo etapa tras etapa) y de la combatividad, premio completamente subjetivo que se da al que más ha peleado durante la etapa, que llevará al día siguiente un dorsal de color rojo.

¿Dónde va a ganarse el Tour?

Me temo, apreciados lectores, que el ciclismo es un deporte imprevisible, y que puede ser ganado (o perdido) en infinidad de momentos y circunstancias. Por ello, mi consejo es que si estáis de vacaciones veáis las etapas enteras a la espera de ese momento clave que nunca se sabe cuándo llegará. Sin embargo, como os intuyo como personas ocupadas, he aquí una lista de etapas que no os debéis perder:

Etapa 5, miércoles 9 de julio: Ypres - Arenberg Porte d Hainaut
Ya os lo he dicho: a los fans del ciclismo nos gustan las piedras. Nos encantan. Nos parecen lo más bonito del mundo. Y resulta que en esta etapa, va a haber piedras. Piedras como las de primavera. Las piedras de la París-Roubaix. Y estamos increíblemente contentos con ello. Nadie va a ganar el Tour en esta etapa, pero sí habrá quien lo pierda (las piedras son peligrosas e imprevisibles, las piedras son guays), y va a ser sin duda una de las más espectaculares de esta edición con sus nueve tramos de pavés.














Etapa 10, lunes 14 de julio: Mulhouse - La Planche des Belles Filles
El día de la fiesta nacional francesa es siempre un día de celebración en el Tour. Este año, una etapa cortita aunque con un auténtico perfil de serrucho (hasta siete cotas puntuables) que llega tras dos días en los Vosgos que habrán dañado a las piernas de alguno y justo antes del primer día de descanso promete hacer daño (acaba ni más ni menos que con una rampa al 20%).



Etapa 14, sábado 19 de julio: Grenoble - Risoul
Esta es una de esas etapas Tour que pase lo que pase, sabemos que va a ser bonita. Dos colosos como el Lautaret y el Izoard hacen soñar con ataques mucho antes del último puerto (quién sabe, ¿tal vez un Nibali a medio Izoard afianzando la ventaja en el descenso?), e incluso en caso de que los favoritos se reserven para la última semana, seguro que hará lucha por el maillot de la montaña, por la etapa, y que el paisajeestará ahí para paliar cualquier posible falta de emoción.



Etapa 18, jueves 24 de julio: Pau - Hautacam
Última oportunidad para los escaladores, que atacarán sí o sí. Sólo 145 kms (el día anterior la etapa es aún más corta), pero ni más ni menos que Tourmalet y Hautacam esperan a los corredores. El Tour saldrá casi decidido.



Etapa 20, sábado 26 de julio: Bergerac - Perigueux
La única contrarreloj del Tour, de 54km y  bastante accidentada, en la que las fuerzas de cada uno contarán probablemente más que las capacidades téctnicas. Salvo si la diferencia entre el primero y el segundo al llegar a esta etapa es abismal, habrá emoción.



¿Y la siesta? ¡Yo he venido aquí a dormir la siesta!

El Tour es generoso y también ha dispuesto unas cuantas etapas para que durmáis. Incluso los más amantes de las dos ruedas lo harán, no os sintáis mal. El calor de julio pega bastante regular con etapas de casi 200km completamente llanas y sin ningún tipo de emoción, así que acomodaos bien en el sofá... pero no os olvidéis de poner una alarma para el último kilómetro. las etapas más propicias para la siesta serán, en principio:

-Etapa 4, martes 8 de julio: Le Touquet- Lille
-Etapa 6, jueves 10 de julio: Arras-Reims
-Etapa 15, domingo 20 de julio: Tallard-Nîmes
-Etapa 19, viernes 25 de julio: Maubourguet - Bergerac


Y ahora que hemos dormido, ¿quién dices que va a ganar?

Parece mentira. Ya sois todos unos expertos en el Tour y, sin embargo, hemos llegado hasta aquí sin mencionar nombres. Sería por lo tanto muy tentador para mi , ahora que estáis empezando a confiar en mi opinión, empezar a hablaros de cierto corredor luxemburgués, que teniendo ya un Tour en su haber y siendo uno de los mejores escaladores de su generación, se presentó ayer en la línea de salida con un equipo fuerte que podría ser clave en su ascenso a la victoria... pero. Sí, hablo de Andy Schleck, flamante ganador del Tour del Solomillo, que lleva un par de años dando tumbos por las carreteras y que no parece que acabe de encontrarse a sí mismo. Esa es mi apuesta y creo que tiene condiciones de sobra para pelear por la victoria. Otra cosa es, claro, que decida hacerlo.

Pero pongámonos serios. ¿Quiénes son los favoritos de verdad? tres nombres encima de la mesa: Chris Froome (Team Sky), Alberto Contador (Tinkoff-Saxo) y Vicenzo Nibali (Astana Pro Team).



Froome defiende título, tras pasearse por Francia el año pasado e imponerse sin grandes esfuerzos y con una superioridad aplastante. Sin embargo, todo apunta a que este año sus rivales serán más fuertes que el pasado y a que su estado de forma es el de un ser humano y no el de un extraterrestre como nos tiene acostumbrados. Aún así, sus cualidades de escalador (lo distinguiréis por ser el tipo paliducho demasiado alto que se retuerce encima de la bici)  y contra el crono, así como la fuerza de su equipo hacen de él el favorito número uno.

Contador, por su parte, parece que vuelve a ser él tras un 2012 sin competir, y un 2013 en el que no parecía encontrar el estado de forma adecuado. Con cinco grandes vueltas en su mochila (más dos retiradas por el TAS) , parece que el español sabe cómo se ganan estas carreras. Además, y al contrario de lo que pasa con Froome, es bonito verle correr. Contador es impulsivo, de sangre caliente, y hay algo en sus piernas que le hace atacar en cuanto tiene la posibilidad, aunque le fallen las fuerzas. Esperemos que los presagios sean ciertos y volvamos a ver al Alberto de siempre en los puertos del Tour.

Uno de los corredores más regulares en grandes vueltas en los últimos años (dos victorias y cuatro podios entre 2010 en 2013), Nibali se siente preparado para asaltar el Tour, donde su mejor puesto hasta ahora es el tercer lugar que obtuvo en 2012. Con una buena progresión en lo que a montaña y contrarreloj se refiere, Nibali parece haber alcanzado una madurez como ciclista que podría permitirle llegar de amarillo a los Campos Elíseos.

Además de estos tres, nos mantendremos atentos a nombres como Alejandro Valverde en su enésimo intento por lograr ganar el Tour, Bauke Mollema, Andrew Talansky, Purito Rodríguez, o Jurgen Van den Broeck  entre otros.

¿Y los que no van a ganar, pero sí van a dejarse ver?

 En la lucha por las etapas, apuntad a Fabian Cancellara (ojito con la quinta), Rui Costa -actual campeón del mundo-, Peter Sagan, John Degenkolb (cuidado con la punta de velocidad de estos dos). Entre los sprinters puros, y tras la retirada de Mark Cavendish a causa de su caída en la primera etapa, parece que la cosa va a estar entre Marcel Kittel y André Greipel.

Entre los franceses, no sería un Tour, por supuesto, sin figuras ya emblemáticas como la de Thomas Voeckler y su espectáculo de muecas, y yo no me olvidaría tampoco de nombres como Sylvain Chavanel, Arnaud Démare, o Thibaut Pinot.



Tip extra: repetid los nombres de arriba de forma aleatoria mientras decís frases como "tiene una trayectoria interesante", "le falta un punto para estar entre los mejores", o "es una pena que no tenga una etapa que se adapte mejor a sus características", y os meteréis al público en el bolsillo.

Yo es que había venido aquí a ver hombres en mallas...

...y hombres en mallas tendréis. No os dejéis distraer por todas estas clasificaciones, etapas, y favoritos. Detrás de esos cascos y gafas de sol, hay ciclistas muy guapos. Es posible que su estilo de bronceado no sea lo más atractivo que hayáis visto nunca, pero esto segura de que mis lectores no sois gente tan superficial.

No os perdáis, por lo tanto, los ojos azules de Rui Costa, la sonrisa de Chavanel, el tupé rubio de Kittel, la cara de bueno de Yoann Offredo, el producto nacional representado por Rubén Plaza y por supuesto a Andy Schleck, para quien sobran las palabras. Lamentamos, eso sí, la pérdida de Mark Cavendish, sin duda maillot amarillo indiscutible de los guapos del pelotón.

Foto: Cycling tips


Bonus track: #noalasbarbas

Desde www.ariamsita.com luchamos activamente contra la invasión de talibanes barbudos a la que nuestra sociedad se está viendo condenada en los últimos tiempos (más info aquí). Os pedimos por tanto que neguéis cualquier tipo de apoyo y estéis en contra de la victoria de un sujeto altamente peligroso que trata de camuflarse entre la muchedumbre del pelotón: Luca Paolini.