4/21/2014

#noalasbarbas

Llegaron a nosotros poco a poco, en forma de barbita de tres días. Daban un aspecto desaliñado sexy, decían. Hacían a los hombres más atractivos. Puede, y sólo puede, que esto no sea del todo falso. Pero las barbas fueron creciendo. Los tres días pasaron a una semana, la semana al mes, y un buen día, sin saber muy bien cómo habíamos llegado hasta ese punto; nos encontramos al mirar alrededor con un ejército de talibanes vagabundos que clamaban sentirse atractivos gracias a su vello facial.

Sigilosamente, sin hacer ruido, los hombres barbudos empezaron a sentirse cómodos y calentitos dentro de sus máscaras capilares, y lo que es peor: iniciaron una campaña desde las sombras tratando de convencer a las mujeres de que dejarse crecer una alfombrilla del baño en la cara no era en absoluto incompatible con estar guapos. Y así, mientras unos hablaban de la crisis, otros de Esperanza Aguirre huyendo de las autoridades, y algunos veían el fútbol, las barbas se instalaron definitivamente entre nosotros. Cuando quisimos verlo, era demasiado tarde. Habíamos perdido la guerra. Estaban en todas partes. En la cola del super, en la panadería, en la sala de espera del médico. La sociedad comenzó a olvidar cómo era la piel de los hombres antes de su llegada. Las cuchillas de afeitar dejaron de ser comercializadas. Eran tiempos oscuros para las pieles suaves. 

En tuiter, las mujeres habían caído en la manipulación de los barbudos. Creían ciegamente en su verdad y la proclamaban a los cuatro vientos, como si de un nuevo evangelio del siglo XXI se tratase:




Se promocionaba la difusión de fotos como la siguiente con el fin de perpetuar el engaño:



Sin embargo, no todo estaba perdido.  Había quien aún recordaba cómo era el mundo antaño. Quien conservaba la nostalgia de lo que habíamos conocido un día. Quien, pese a la represión, aún se atrevía a decirlo. 

 
 

La resistencia comenzaba a organizarse. En algunas librerías escondidas, se editaban libros que hablaban del pasado imberbe y feliz de la sociedad:



Entre los documentos clandestinos, circulaban las imágenes que demostraban el daño que las barbas habían hecho a la raza humana: hombres con los que toda mujer soñaba, convertidos en... la columna de la derecha.


Pero... ¿Por qué? ¿Cuál era la clave del triunfo del vello facial por encima de la belleza de unos rasgos bien proporcionados y enseñados al mundo? Pese a los riegos que conllevaba osar decir algo así en una red social pública, la teoría de la conspiración acabó saliendo a la luz :


Así es, amigos. No es que los hombres estén más guapos con barba. Es que hay hombres que necesitan taparse la cara para parecer guapos. Y yo os digo, mujeres del mundo: ¿Vais a seguir dejando que os engañen tapando sus verdaderas facciones, o vais a exigir ver la cara de la persona que tenéis enfrente para poder decidir por vosotras mismas si es guapo o no?

Chicas, es hora de abrir los ojos. De mirar a las barbas a la cara y decirles que ya basta. Que no no fomentan el atractivo, que son un engaño. Que de vuestra boca no van a recibir ni un mísero beso. Es hora de buscar la unión, de luchar juntas en la guerra contra la piel enrojecida y los pelos enganchados entre los dientes. Que para restregar nuestras caras contra algo blando y mullido, ya tenemos a nuestras almohadas. Que Dios no nos hizo con cara para que nos la tapásemos. Enarbolemos de una vez por todas la bandera del #noalasbarbas por un mundo mejor.

3/30/2014

¿Quién fue D'Artagnan en la vida real?

Pongámonos en situación. Una niña de unos doce años con una imaginación desbordante a la que un buen día le regalan un libro. Un libro gordo, negro, con una ilustración de un cuadro del Cardenal Richelieu en la portada (cuadro que, doce años más tarde, cuelga en forma de postal en las paredes de mi casa). Alejandro Dumas y sus Tres Mosqueteros. No recuerdo muy bien las circunstancias en las que el libro llegó a mis manos, pero sí recuerdo la fascinación absoluta que sentí al leerlo. Que, debo decir, sigo sintiendo cada vez que lo releo, casi por inercia, al menos una vez al año. Por si me cambiasen algo de sitio.

El caso es que yo era una niña de unos doce años con una imaginación desbordante cuando un buen día conocí a D'Artagnan; ese joven gascón algo altanero que llega a París para hacerse mosquetero y comerse el mundo, y acaba siendo el más romántico y valeroso de los hombres emprendiendo esa aventura que le lleva de París a Londres para salvar el honor de una reina, y ganarse, de paso, el amor de Constanza. Sobra decir que me enamoré muy mucho de él. Que me lo imaginaba guapísimo. Que no podía menos que sentirme un poco identificada con Ketty, la sirvienta de la terrible Milady que, cegada por su amor hacia el joven, no duda en traicionar a su Señora cuando él se lo pide.

D'Artagnan es de esos personajes que lo tienen todo a lo grande. Grandes ambiciones, gran nobleza, gran corazón. Su único defecto palpable, que bien podría ser su exceso de ímpetu y fogosidad; va viéndose paulatinamente pulido gracias a sus amigos y aventuras, hasta que a medida que avanza la trilogía (para quien lo no sepa, Los Tres Mosqueteros tiene dos secuelas: Veinte años después y El Vizconde de Bragelonne) nos vamos encontrando a un D'Artagnan cada vez más cauto, sensato, que siempre sabe cómo, cuándo y con quién actuar. El mejor de los hijos (si consideramos a Athos como un padre), el mejor de los amigos, el más noble de los amantes, el mejor Capitán de Mosqueteros.

(Y así, queridos lectores, es como una niña de doce años con una imaginación desbordante decide que ese, y no otro es su hombre ideal, y llega a los veinticuatro soltera y con pocas perspectivas de encontrarse a un apuesto mosquetero con el que compartir su vida)



¿Pero quién fue D'Artagnan en la vida real? Charles de Baltz-Castelmore, conocido como D'Artagnan, nació a principios del siglo XVII en la provincia de Gascuña, como el protagonista de las novelas de Dumas. Si tomamos como cierto lo relatado por Courtilz de Sandras en sus Memoires de Monsieur d'Artagnan, veremos que al igual que nuestro héroe ficticio, el verdadero D'Artagnan llegó a París, donde entró en la compañía de guardias de M. de Essarts, cuando tenía alrededor de 15 años. En estas memorias nos encontramos con un relato similar al de los primeros capítulos de la novela, en los que el joven gascón se mete en líos antes de su llegada a la capital, y pierde la carta de recomendación escrita por su padre para M. de Treville, Teniente de los Mosqueteros en aquel momento. Pese a ello, se dirige a probar suerte aun sin el documento, y es mientras espera a ser recibido por Treville, que tiene tres encontronazos que se producen, cómo no, con Athos, con Porthos y con Aramis; los famosos Tres Mosqueteros. Nuestro joven gascón es retado a duelo por los tres; sin embargo, cuando se disponen a batirse, aparecen en escena los Guardias del Cardenal, en aquel entonces los mayores enemigos del cuerpo de Mosqueteros. Es entonces cuando D'Artagnan acaba tomando partido por aquellos contra los que debía batirse,  y lucha y vence junto con sus nuevos amigos y compañeros de fatigas a los guardias de Richelieu.

Lamentablemente, estas memorias publicadas por Courtilz de Sandras no se consideran del todo verídicas. El autor afirma no haber conocido nunca a D'Artagnan en persona, y haber tomado los datos de diferentes textos y testimonios de la época recopilados tras su muerte. De hecho, en una carta, Pierre Quarré, conde de Aligny y mosquetero a las órdenes de d'Artagnan, critica las historias novelescas que se cuentan sobre su antiguo Teniente, señalando que el autor de dichas memorias merecía ser castigado. Courtilz de Sandras, de hecho, es acusado de panfletario y de escribir falsos manuscritos a lo largo su vida.Sin embargo, son estas memorias lo único que sabemos sobre D'Artagnan hasta, al menos, el año 1646.

 En 2001 aparece una biografía llamada D'Artagnan, Mousquetaire du Roi escrita por Odile Bordaz, tras años investigando la figura del personaje, y lo que había de verídico en lo que se sabía hasta ese momento. La biógrafa nos cuenta que probablemente en el año 1630, en que muere D'Artagnan padre en Gascuña, el hijo ya se encontraba en París. Sin embargo, no tenemos noticias, más allá de la biografía apócrifa ya mencionada sobre qué hizo el joven durante más de quince años de su vida; aparte del hecho de que en 1633 aparece alistado en el cuerpo de Mosqueteros del Rey. 

Sabemos, también, que Armand Sillègue d'Athos fue mosquetero entre 1640 y 1643 (año de su muerte), que Henri d'Aramitz (conocido como Aramis) también lo era en el año 1640, y que Isaac de Porthau (Porthos) está registrado en el cuerpo en el año 1642. Todo señala, por lo tanto, que los cuatro amigos inseparables coincidieron al servicio del Rey Luis XIII alrededor del año 1640. ¿Tendrá algo de cierto la historia de Dumas, o se limitaría a coger tres nombres sonoros entre un montón de guardias reales?

Como era de esperar, parece que todo lo relacionado con Milady, Constanza, Rochefort y compañía viene de la calenturienta y maravillosa imaginación de Dumas, y no de datos históricos. No hay documentos que nos digan  a qué se dedicó D'Artagnan durante su juventud; pero Courtilz de Sandras lo sitúa haciendo campaña en Flandes en los años 1643, 1644 y 1645, donde nos cuenta también que fue alcanzado por cuatro balas, tres que atravesaron su ropa y una su sombrero, sin sufrir daño alguno su persona.  Estas campañas parecen confirmadas por la existencia de un documento del año 1646 en que D'Artagnan vuelve de Flandes para ponerse a servicio del Cardenal Mazarino, a quien servirá fielmente durante años, incluyendo durante la tumultuosa Fronda. En 1657, Mazarino, que había ordenado la disolución de los Mosqueteros en 1646, vuelve a constituir dicho cuerpo, del que D'Artagnan será Teniente.

El amor, o al menos el matrimonio, porque en este blog defendemos a Constanza y su honor aunque no haya existido; llega a la vida de D'Artagnan en 1659, año en que se casa con Charlotte-Anne de Chanlecy. Campañas de guerra y ascensos dentro del cuerpo de mosqueteros marcan los siguientes años de su vida, ya más documentada por la importancia tanto de sus misiones como de su cargo. En 1672 llega a ser gobernador de Lille de manera provisional, aunque el cargo no le gusta y desea volver a la campaña. Eso hace al año siguiente, en Maastrich, donde acaba encontrando la muerte, el 25 de junio de 1673, al alcanzarle una bala en la garganta en el campo de batalla. 

La realidad y la ficción se cruzan cuando intentamos acercarnos a los entresijos del personaje, y parece que la épica se empeña en mostrarse protagonista de su vida. Lo que las novelas, películas e incluso perros en dibujo animado nos han contado sobre él forman ya parte de la historia de Charles de Baltz-Castelmore, ese Teniente de Mosqueteros que acabó enamorando a una niña de doce años con una imaginación desbordante.

Fuente principal del texto: D'Artagnan, de la légende à la réalité, artículo publicado en la revista Histoires de France

3/02/2014

Tuit-consultorio amoroso. ¿Cómo ligamos?


Este martes por la tarde, la pila de platos sucios de mi fregadero me miraba muy desafiante, yo me lamentaba de no tener un hombre a mano al que llamar para que me los fregase y luego me ayudase a deshacer la cama, y; lo más importante, tuiter estaba insoportable y monotemático por culpa de la intervención de Rosa Díez en el Debate sobre el Estado de la Nación. Había que hacer algo. Afortunadamente, a estas alturas conozco un poco a mi muy querida comunidad 2.0, y sabía que la única manera de hacer que dejasen de hablar de Rosa10 era iluminar por un momento sus esperanzas de un día pasar la barrera del fav y del DM, y alcanzar el anhelado contacto físico con otro ser humano. Así que lancé una pregunta simple y clara: ¿Vosotros cómo hacéis para ligar? Al fin y al cabo, ¿qué mejor que un grupo de solteros que pasan sus noches relacionándose con desconocidos a través de una pantalla mientras intentan arreglar el mundo para hablar del tema?

Debo decir que últimamente, tuiter y sin tuiter mediante, me siento especialmente observadora respecto a las diferentes tácticas que seguimos cada uno de nosotros cuando queremos propiciar un acercamiento por parte de otra persona. Por ejemplo, un amigo mío -no sé muy bien con qué nomenclatura referirme a la gente a la que solo conozco vía tuiter y grupos de whatsapp, la verdad- ataca enviando una foto de las preciosas vistas del mar desde el salón de su casa, en una macabra estrategia para atraer a las mujeres hacia su morada y devorarles las vísceras después (creo que acabo de ganarme un unfollow). Está quien (estoy muy en contra de esto) se carga toda la magia de conocer a alguien, a base de estudiar los "me gusta" de dicha persona en Facebook -rápido, chicas, es un gran momento para volverlos locos megusteando cosas sobre las que no tenemos ni idea y poner caras muy raras cuando nos pregunten sobre ello- y luego asaltan a su víctima (no puedo dejar de imaginarme algo un poco rollo león-antílope) con un montón de preguntas y comentarios sobre "sus temas favoritos" [Nota rápida: si alguien está pensando en seducirme, preguntarme qué me gusta suele funcionar mucho más que fingirse experto en ciclismo, historia del arte y macroeconomía. Pero sobre todo me ganarás ofreciéndote a fregar]. No nos olvidemos, por supuesto, de lo que podríamos denominar como EL JUEGO: el delicado arte de ignorar hasta el punto exacto en que la otra persona decide mandarte a freír espárragos y, en la exacta milésima de segundo en que se dispone a poner punto y final, decir la frase perfecta que hace que recuperes el puesto número uno de la lista de personas que ojalá vieniesen a deshacer la cama y se quedasen para siempre. 

En fin, a lo que iba, a tuiter.Las primeras respuestas me hicieron pensar, por un momento, que no íbamos a llegar muy lejos en la materia:

"La última vez que lo hice se pagaba en pesetas" @Brevers86
"De la misma forma que escalo ocho miles." @Eleder_
"Hay que empezar preguntándole a la familia que cuántas vacas piden." @J455
"Pintando una estrella de cinco puntas rodeada por un doble círculo, y sacrificando a un macho cabrío en el centro"@gmit3
"Pagando" @Diego_gon
"Yo iba a misa de pequeño para poder ver a mi amada..:) 14 años :) xD" @Chicho2_0
Estaba yo ya a punto de perder la esperanza (y de asumir que si seguía dedicando mis noches a comunicarme con una pandilla de personajes con serios problemas relacionales iba a acabar soltera con un montón de gatos) cuando la siempre oportuna @iriareguera decidió echarme una mano y ponerse a explicar conmigo que necesitamos algo tan simple como  


"Queremos que nos ignoren hasta que dejamos de querer que nos ignoren" (yo misma)
"Odiamos la duda. No saber si os gustamos o no. Así que, nos obsesionamos y acabamos esforzándonos por gustaros"
"Se trata de mostrar ligero interés y, luego, desinterés, y luego un poco de interés y así hasta volvernos locas." @iriareguera , ambos.

Jugar con la indiferencia, hasta pasar del "uy, creo que le gusto a este chico" al "este chico me encanta, creo que quiero gustarle". En resumidas cuentas: parece que mientras vosotros os dedicáis a estudiar nuestros movimientos, aficiones y color favorito en un intento por impresionarnos, nosotras  seguimos esperando al príncipe azul que nos diga lo que no nos han dicho los otros -o que nos lo diga tan bien dicho que creamos no haberlo escuchado antes- y que sea capaz de volvernos locas a base de hoy sí, mañana no, pasado quizás. [Aviso a navegantes: antes de que os pongáis todos a jugar a los malvados ignoradores, os diré que a no ser que sepáis hacerlo muy bien, hay altas posibilidades de que acabéis descartados. Empezad practicando con alguien en quien no tengáis mucho interés.]

Me enorgullece, en mi nombre y en el de Iria, informaros de que hay quien entendió muy bien lo que estábamos explicando: 



Podríamos haberlo dejado ahí, en el grandioso momento en que habíamos conseguido un adherente para nuestra causa, pero no. Se nos ocurrió preguntar qué querían los hombres que hiciésemos nosotras para conquistarlos (lo sé, la pregunta fue un poco absurda, bastante hacemos existiendo). Las respuestas dejaron claro, sobre todo, que sois unos aburridos:


"Decirlo a la cara y no dar rodeos...Estaría bien empezar por ahí...... " @Chicho2_0
"Disculpa, pero mira que es fácil preguntar.No sé, llámame loco." @jemegia
Sin embargo, cuando decidí quejarme del poco valor dado al tonteo, al juego previo, y al desconcertante que sí que no que sí que no (de verdad, chicos, a veces eso nos gusta tanto como lo que viene después) y conté una anécdota sobre tres años de tonteo inofensivo con una persona, ahí, salieron cosas muy raras:
"Pobre chaval." @kikollán
"¿En que droga se refugió el pobre?" @jemegia
(Ariamsita, destrozando vidas ajenas por tontear inofensivamente desde 1989) 
"Entonces no nos culpes......" @Chicho2_0 
"Pues si juegas, no es menester quejarte de perder. " @jemegia    
 (Al parecer, tengo una fama oculta de acuchillar mientras duermen a los hombres que me dan esperanzas y luego me rechazan)
"A ver. No es que nos guste "ser directas". Lo decimos porque lo preferimos a tontear para nada, como nos ha pasado tantas veces." @Eleder_
"Quizá ocurre que a mi me han toreado demasiadas veces, y no salto a la plaza así de primeras." @jemegia
"El arte del tonteo inofensivo es uno que debo perfeccionar. Por ahora todos mis tonteos parecen ser ofensivos en algún momento." @CardinalXiminez

Podríamos concluir, parece, que mientras que nosotras disfrutamos mareando y dejando que nos mareen, vosotros queréis que nos aclaremos de una vez, os aclaremos a vosotros lo que sea que tengamos en la cabeza, y nos dejemos de jueguecitos. A ver cómo os explicamos ahora, que la mitad de las veces, nosotras tampoco tenemos muy claro lo qué queremos... 

En cualquier caso, que no entre el pánico. Las personas normales podéis estar tranquilas. Toda esta sabiduría está sacada de tuiter, y todos sabemos en el fondo que los tuiteros estamos demasiado preocupados por ser expertos en todo, como para salir de casa y hablar con personas de verdad... imaginaos para ligar.







2/17/2014

Encontrar piso en París, la odisea:consejos prácticos.

En el capítulo anterior: Encontrar piso en París, la odisea: ¿Cómo son los apartamentos parisinos?


Hace unas semanas os hablaba de las particularidades de los apartamentos parisinos, y de las características de los mini-pisos que se esconden tras las fachadas de los impresionantes edificios haussmanianos. Con esta segunda parte, intentaré daros algunos consejos, dirigidos sobre todo a quien aterrice por primera vez en París con intención de instalarse, sobre cómo conseguir encontrar una vivienda en la capital francesa.

Elaborar tu dossier

Esto es lo primero que deberás hacer en tu búsqueda de piso. Como si de un puesto de trabajo se tratase, las agencias y dueños de apartamentos van a tener grandes cantidades de personas peleándose por un puñado de metros cuadrados, y cuantos más documentos tengas diciendo que eres el candidato ideal, más posibilidades tendrás de no acabar en un contenedor de reciclaje de papel.

Intenta incluir siempre que puedas copias de los siguientes documentos:

-DNI/Pasaporte.
-Contrato de trabajo
-Tus tres últimas nóminas
-Un justificante de tu residencia actual
-Si has declarado impuestos en Francia el año anterior, tu declaración de la renta.
-Si has estado alquilado en Francia anteriormente, un documento (quittance de loyer) que certifique que has pagado tus alquileres.

De este modo, cuando llegues a visitar un apartamento, podrás dar a la persona que se encargue una carrpetita con todo ello, y dejar que juzguen si eres el tipo de persona que quieren en su piso.

¿Y ahora quién me avala?

Como os comentaba en el primer artículo, olvídate de encontrar un lugar donde caerte muerto por las buenas si no cumples las dos reglas mágicas compuestas por tener un contrato indefinido, y cobrar tres meses el importe del alquiler. En caso contrario, que es el más común, vas a necesitar una persona que te avale.

Esta persona deberá, evidentemente, percibir ingresos de tres veces el importe del alquiler, y realizar sus declaraciones de la renta en Francia (en tu dossier deberás añadir también una copia de su documento de identidad y de su declaración del año anterior). ¿Que no conoces a nadie en Francia que pueda hacer esto por ti? No lo intentas más, en serio, no vale la pena. Vuelve a casa, probablemente tu habitación en casa de tus padres vaya a darte muchos menos dolores de cabeza que esto.

No nos volvamos locos. Existen las opciones. Os digo desde ya que es casi imposible que ninguna agencia ni particular acepten un aval de alguien que no declare en Francia, básicamente porque después les resultaría complicadísimo pedir cuentas, y porque en la cola de personas que también quieren el piso que hay detrás de ti seguramente habrá alguien que de menos problemas.

Lo más fácil que podéis hacer, si es que lo podemos llamar fácil, es dar la posibilidad de optar a un aval bancario. Esto consiste en bloquear en una cuenta de banco un año de alquiler (si tenéis suerte y un casero comprensivo, puede que lo consigáis hacer con el importe de seis meses, como es mi caso). Haciendo esto, y tras una nada módica cantidad de gastos de gestión varios iniciales, que se suman a los que te van pasando cada tres meses (al parecer les sale muy caro tener tu dinero allí guardado), el banco emite un documento certificando la existencia de ese dinero y su función como garantía en caso de que haya problemas con los pagos. Es cierto que para hacerlo tienes que tener ahorrado un año de alquiler, o alguien que pueda prestarte el dinero (aprovecho para encajar un gracias por aquí), pero en caso de no tener un aval francés, es el medio más sencillo de conseguir que te alquilen algo.

¿Agencia o Particular?

La mayoría de pisos son alquilados a través de agencias, por lo que a través de esta opción se llega, evidentemente, a una variedad de pisos mucho mayor. Además, por regla general, sobre todo si andas algo perdido, es un modo de asegurarte que todo el papeleo va a estar bien hecho, y que no vas a caer en timos.

El punto negativo, sobre todo si no vas a pasar demasiado tiempo en París, es que para alquilar un piso con una agencia tendrás que pagarle a la misma los llamados frais d'agence, que ascienden aproximadamente a un mes de alquiler.

Tened cuidado, eso sí, con las agencias que pretendan venderos una lista de direcciones de apartamentos y números de teléfono de sus propietarios por unos cuantos cientos de euros. Os aseguro que podéis encontrar un piso sin pasar por ese trámite, y además, nada os asegura que el piso de vuestra vida vaya a estar en la lista, ni mucho menos que os lo vayan a alquilar si lo está.

En el caso de decidiros por un particular, exigid siempre que sea con un contrato legal (y si vais a hacer un chanchullo, vigilad bien con quién lo hacéis), sobre todo si después pretendéis poder pedir la CAF (ayuda del gobierno para pagar la vivienda).

¿Dónde buscar?

La web más utilizada para buscar piso es, sin duda, seloger.com . Es donde más pisos hay (con agencias siempre, eso sí), normalmente los anuncios son bastante completos y tienen toda la información necesaria; y en general, funciona rápido y bien. Eso sí, dado que todo el mundo usa la misma página, pueden darse situaciones de competencia por algunos pisos, y a veces es difícil conseguir que te alquilen justo el que quieres.

Otra web con bastante oferta es PaP, que pese a su nombre particulier à particulier, está tomada por las agencias. No tiene tanta oferta como seloger, pero hay bastantes pisos, y también es de las más utilizadas.

A nivel particular, un poco del estilo de nuestra segundamano, la web más utilizada es leboncoin.fr . Está, por supuesto, llena de timos, de casas que no existen, de proposiciones raras y de lugares que no queréis ir a visitar; pero en el medio de todo ello existen los pisos de verdad, alquilados por personas de verdad, y con los que os ahorraréis los gastos de las agencias.

Consejos prácticos

Encontrar piso en París, si acabas de llegar a la ciudad, no conoces aún a nadie  y estás algo perdido puede ser una pesadilla. No desesperes. Es probable que no te alquilen el piso de tus sueños, puedas o no puedas pagarlo, y que te pongan mil condiciones absurdas que te echarán para atrás.

Mi consejo sería, dada la casi imposibilidad de encontrar plaza en una residencia para trabajadores, o en una solución temporal similar, tratar de buscar una habitación en casa de alguien durante unos meses, mientras te pones a buscar. Ten en cuenta que los dueños de los pisos se enfrentan a un auténtico exceso de demanda, y que por lo general van a poner por delante a las personas con un dossier que les ofrezca las menores complicaciones posibles.

Por ello, encontrar una solución temporal para unas semanas/meses, puede servir de ayuda para asentarte, no correr a la desesperada a la primera opción en la que te digan que sí, analizar el mercado, las diferentes zonas... y sobre todo, asentarte un poco, pasar el período de prueba de tu contrato, y dejar de estar al final de la cola de los candidatos.

Ve a una agencia, infórmate, haz mil preguntas hasta enterarte de todo lo que tienes que saber sobre cómo alquilar un piso, aunque al final acabes haciéndolo a través de un particular.

Pregunta todo lo que puedas por teléfono antes de acudir a una cita. De nada te sirve pasar el día en el metro de un lado para otro para que al llegar te digan que nunca cogerían a alguien con tu perfil. Aclara los requisitos lo antes posible, el sueldo mínimo, el tipo de aval, etc, y te ahorrarás algún que otro comedero de cabeza.

Pero, sobre todo, mantén los ojos y los oídos muy abiertos. Nunca sabes cuándo puede liberarse un piso que te convenga, o dónde puede haber un amigo de un amigo de un amigo buscando a alguien que quedarse con su apartamento porque él se va de año sabático a Oceanía.

2/08/2014

París era una fiesta.

"Te he visto, monada, y ya eres mía, por más que esperes a quien quieras y aunque nunca vuela a verte, pensé. Eres mía y todo París es mío y yo soy de este cuaderno y de este lápiz".

Pocas cosas son tan bonitas como encontrarte con un libro en el momento perfecto para que ese libro sea leído por ti. Claro está que estas casualidades no se dan mucho, y que a veces libros e historias pasan por nuestra vida sin pena ni gloria por el mero hecho de hacerlo en el momento equivocado. Con las personas, al fin y al cabo, pasa algo parecido. Encontrar a la persona perfecta en el peor de los momentos. Y entonces, qué. ¿Te quedas con ella, o con tu momento? ¿De dónde sacas las fuerzas para tener a tu príncipe azul delante y decirle "cariño, tal vez en otra vida"?

El caso es que esta semana he engullido París era una fiesta, y ha sido el momento perfecto.  Ha sido el momento perfecto porque aunque poco tenga que ver mi vida con la de Hemingway entonces, ser joven y feliz en París sigue siendo una fiesta; y al encontrarme entre líneas con sus rincones, sus amigos, o sus costumbres, no he hecho sino encontrarme con los míos propios, que aun siendo otros, no dejan de ser los mismos.

París juega a enamorarnos, y nosotros nos dejamos, porque cómo no vamos a dejar que nos enamore. Ayer por la noche, apoyada en una barandilla en lo alto de Montmartre con una amiga que pronto dejará la ciudad, viendo parpadear las luces del tejado del Hôtel de Ville, las torres de Nôtre Dame brillaren la oscuridad, o la silueta negra del Panteón a lo lejos; ella me preguntó cómo se podía querer tanto una ciudad. Yo sonreí, recordando el libro que había terminado hacía unas horas, y pensé eso de "si tienes la suerte de haber vivido en París de joven, luego París te acompañará, vayas a donde vayas, todo el resto de tu vida".

París haciéndote creer que formas parte de ella. París y sus rincones, que son el rincón favorito de tanta y tanta gente sin perder por ello una sola gota de encanto. A veces la miro y la llamo guapa cuando creo que nadie me escucha, y entonces entiendo que en el fondo solo es una mujer más que sonríe con los labios pinados de rojo mientras juega con su pelo y hace creer a quien la rodea que podría enamorarse sin querer. 

"París siempre valía la pena, y uno recibía siempre algo a trueque de lo que allí dejaba".



La ciudad perfecta en el momento perfecto.

Por que siempre, siempre, tendremos París; y París siempre, siempre, será nuestra fiesta.