7/25/2014

We shall fight on the beaches

"Look how many of them there were
Look ho young they were
They died for your freedom
Hold back your tears and keep silent"


Así recibe a sus visitantes el Cementerio Estadounidense de Normandía, situado en lo alto del acantilado que domina Omaha Beach, la más dura de tomar de las playas de la costa francesa en la que desembarcaron las tropas aliadas a lo largo de aquel D-Day, el 8 de junio de 1944.


El Cementerio, en el que descansan hasta 9387 soldados, es un lugar en el que se respira silencio, respeto, y sobre todo un agradecimiento inmenso hacia quienes hace ahora 70 años desembarcaron de sus naves y dejaron sus vidas en la arena de aquellas playas, por darnos la libertad.

Es difícil explicar lo que se siente al pasear entre los miles de cruces salpicados por alguna estrella, en medio del silencio más absoluto, y saber que si estás ahí es, precisamente, gracias a quienes descansan bajo tus pasos. El sentimiento de amor por tu vida, el nudo en el estómago, la sensación de que tú que puedes, les debes a todos y cada uno de ellos el vivir cada segundo como si fuese el último. 


If ever proof we needed that we fought for a cause and not for conquest it could be found in these cemeteries. Here was our only contest: all we asked... was enough... soil in which to bury our gallant dead



Brilla el Sol en Omaha Beach, pero apenas nadie se acerca al agua. Poco se escucha más allá del ruido de las olas, que acarician tranquilas la arena. La marea está baja, el mar en calma. Poco que ver con las imágenes que acabamos de ver en el Centro de Interpretación del Cementerio, en las que el mar sí estaba agitado. Poco que ver con los soldados cayendo a decenas, las trampas en medio de la arena, el fuego, las explosiones, el dolor de la guerra.

Parece, que la playa se haya quedado callada desde entonces, guardando los recuerdos de ese horror que fue la Segunda Guerra Mundial, como si fuese su deber el recordarnos de lo que es capaz el hombre, preservar la memoria de lo acontecido para evitar que vuelva a ocurrir.



We shall fight on the beaches, habia dicho Churchill cuatro años antes, en junio 1940, tras la retirada de las tropas inglesas de Dunkerke, que lograron dejar el país galo y evitar una masacre tras la ocupación de Francia por parte de las fuerzas nazis. 

We shall fight on the beaches, dijo, y fue precisamente en esas playas de la costa francesa, cuyos nombres en clave se han convertido ya en un símbolo para la historia, donde las tropas aliadas empezaron el largo camino que llevó a la liberación de Europa, y, en definitiva, a la vida tal y como hoy la conocemos en Occidente.


En el camino de vuelta, decido parar un momento en el mirador del cementerio desde el cual se observa la playa. Allí, un hombre de avanzada edad, rodeado por su familia trata de hablar pero no le salen las palabras. Se le caen las lágrimas. Su hijo nos cuenta a los que estamos a su alrededor que desembarcó allí cuando tenía solo 19 años, y que han decidido venir todos juntos por el aniversario. No soy capaz de llorar. No soy capaz siquiera de darle las gracias. 

Y sin embargo, pocas veces he tenido tantas ganas de dar las gracias. Tantas ganas de llorar. 


7/06/2014

Guía del Tour de Francia para Dummies

Sé que llego un poco tarde, sí, con el Tour ya empezado y con tropecientas guías y análisis de gran calidad circulando por internet (¡click, click !). Pero claro, habéis venido a quejaros por tuiter de que a los profanos en materia ciclista nadie os ha contado nada, de que no os he informado en condiciones... y una se ve obligada a abrir sus tropecientas guías del Tour y seleccionar qué contaros para que vosotros, expertos todólogos, podáis salir a la calle y parecer auténticos expertos sobre el mundo de las dos ruedas y los pedales.

Empecemos por el principio. Durante tres semanas al año, los ojos del mundo se dirigen cada tarde, a eso de la siesta menos cuarto, hacia las carreteras de Francia, por las que una serpiente multicolor sube, baja, da vueltas sobre sí misma, se pelea con el calor, la lluvia, el viento, los puertos, los muros, las rotondas y se encuentra con esa marea humana que lo acompaña allá donde va. Seguro que os suena. Seguro que en algún momento de vuestras vidas habéis abierto un ojo en plena fase REM y visto a un montón de gente sudando bajo el sol al lado de un inmenso campo de girasoles. Eso es el Tour.

Recapitulando: el Tour es una carrera de tres semanas, es decir, 21 días exactos de competición. ¿Pero Ari, cómo van a ser 21 días exactos si empieza un sábado y acaba un domingo y eso son más de tres semanas? Pues porque aunque los ciclistas sean casi supra-humanos, tienen derecho a descansar de vez en cuando, en este caso dos días a lo largo de la carrera (descansan todos juntos, claro, no es que cada uno pueda elegir la etapa que más le disguste para seguirla desde el coche comiéndose un helado). Es, junto con el Giro de Italia y la Vuelta a España, una de las tres grandes vueltas (es decir, vueltas de tres semanas) del calendario ciclista. Sin embargo, el Tour es mucho más que una carrera. El aparato mediático que rodea a la misma, así como su caravana publicitaria, lo convierten en un evento que va más allá de lo deportivo. El aura de grandeza y épica ligados a las más de cien ediciones de la carrera gala hacen de ella el espectáculo ciclista por excelencia. El Tour es, además, uno de los mejores escaparates turísticos de Francia . La realización lo sabe, y el recorrido de la prueba no escatima en enseñar y lucir todas las imágenes posibles de lugares emblemáticos y turísticos a su paso.


Debéis saber, y esto es importante, porque quiero que cuando acabéis de leer este artículo podáis haceros pasar por auténticos expertos, que el Tour no es para tanto. O eso dicen los verdaderos aficionados al ciclismo (a la vez que se disponen a pasar 21 días encerrados en casa frente a sus pantallas analizando cada mínimo detalle de la carrera, pero no es para tanto). El ciclismo de verdad -porque el Tour es un producto mediático y no es una imagen real- es el que tiene lugar en primavera, cuando todos se vuelven locos entre muros y piedras.Guardad estos dos nombres en la cabeza: Tour de Flandes y Paris Roubaix; y, si os cruzáis con algún despistado que os empiece a hablar de Contador y sus posibilidades para el Tour, vosotros lo miraréis con un ligero aire de superioridad y diréis "después de lo que hizo este año Cancellara en Flandes, no creo que la temporada pueda dar más de sí". Ya está, todos en el bolsillo.

Y ahora, sigamos con el Tour. 21 días. Carreteras francesas. ¡¡Pero Ari, si ayer vi en la tele que estaban en Inglaterra y que la Middleton le daba el maillot amarillo ese a un rubio!! Cierto. Como os decía, el Tour va más allá de ser una simple carrera ciclista, es un producto que mueve un gran número de espectadores, y su organización conoce desde hace tiempo cómo jugar con ello. Además, para una ciudad, el hecho de ser salida o llegada de una etapa del Tour supone un escaparate incomparable para llegar a los ojos del mundo. Por todo esto y por muchas más cosas, el Tour ha salido este año de Gran Bretaña, y más concretamente de la ciudad de Leeds. Esto ha gustado a unos más y a otros menos (¡¡qué sentido tiene que el Tour de Francia salga de Inglaterra!!), pero lo bueno de ponerme a escribir esta guía un día después del comienzo del Tour, es que puedo contaros que lo de ayer fue una pasada. La cantidad de gente agolpada a los lados de la carretera, dando la sensación de estar en el Tourmalet a cada cota de cuarta categoría que se pasaba, fue sencillamente espectacular, y confirma que este Grand Départ fuera de casa ha sido todo un acierto de la organización.



¿Pero todo esto para qué?

Y ahora, vamos a lo importante. Más allá de escaparates publicitarios y locura mediática, el Tour está ahí para que alguien lo gane. ¿Y quién va a ganar el Tour? Pues el ciclista que, sumados el tiempo realizado en cada etapa, haya sido el más rápido de todos, y llegue a París vestido con el maillot amarillo. Para ello, quien aspire a este trofeo, deberá de ser no solo el más rápido, sino también increíblemente regular, resistente, calculador y, por supuesto, contar con un equipo que trabaje para él, lo salve de todos los problemas que sea posible y se encargue de llevarlo en volandas hasta los momentos clave donde el líder deba demostrar, solo ante el peligro, que es de verdad merecedor de la túnica amarilla.

Además de quienes llegan al Tour con el objetivo de ganarlo -los menos-, la carrera gala ofrece infinidad de pequeñas luchas que dan emoción a la competición. Así, os encontraréis con quienes vienen a tratar de cazar una etapa, quienes vienen a por muchas etapas (los sprinters, es decir, esos señores muy rápidos que ganan en llegadas masivas y llegan los últimos en las etapas de montaña), y quienes vienen con el único objetivo de ser capaces de llegar a París y ayudar a su líder por el camino.

No solo de maillots amarillos vive el hombre, y no solo la clasificación general importa en el Tour. Está también la lucha por el maillot de la montaña, blanco de puntos rojos que se concede al mejor escalador; por la regularidad, de color verde, que suele acabar vestido por algún sprinter; y el blanco, destinado al mejor joven (de menos de 25 años) de la clasificación general. No nos olvidemos tampoco de la clasificación por equipos (suma los tiempos de los tres primeros corredores de cada equipo etapa tras etapa) y de la combatividad, premio completamente subjetivo que se da al que más ha peleado durante la etapa, que llevará al día siguiente un dorsal de color rojo.

¿Dónde va a ganarse el Tour?

Me temo, apreciados lectores, que el ciclismo es un deporte imprevisible, y que puede ser ganado (o perdido) en infinidad de momentos y circunstancias. Por ello, mi consejo es que si estáis de vacaciones veáis las etapas enteras a la espera de ese momento clave que nunca se sabe cuándo llegará. Sin embargo, como os intuyo como personas ocupadas, he aquí una lista de etapas que no os debéis perder:

Etapa 5, miércoles 9 de julio: Ypres - Arenberg Porte d Hainaut
Ya os lo he dicho: a los fans del ciclismo nos gustan las piedras. Nos encantan. Nos parecen lo más bonito del mundo. Y resulta que en esta etapa, va a haber piedras. Piedras como las de primavera. Las piedras de la París-Roubaix. Y estamos increíblemente contentos con ello. Nadie va a ganar el Tour en esta etapa, pero sí habrá quien lo pierda (las piedras son peligrosas e imprevisibles, las piedras son guays), y va a ser sin duda una de las más espectaculares de esta edición con sus nueve tramos de pavés.














Etapa 10, lunes 14 de julio: Mulhouse - La Planche des Belles Filles
El día de la fiesta nacional francesa es siempre un día de celebración en el Tour. Este año, una etapa cortita aunque con un auténtico perfil de serrucho (hasta siete cotas puntuables) que llega tras dos días en los Vosgos que habrán dañado a las piernas de alguno y justo antes del primer día de descanso promete hacer daño (acaba ni más ni menos que con una rampa al 20%).



Etapa 14, sábado 19 de julio: Grenoble - Risoul
Esta es una de esas etapas Tour que pase lo que pase, sabemos que va a ser bonita. Dos colosos como el Lautaret y el Izoard hacen soñar con ataques mucho antes del último puerto (quién sabe, ¿tal vez un Nibali a medio Izoard afianzando la ventaja en el descenso?), e incluso en caso de que los favoritos se reserven para la última semana, seguro que hará lucha por el maillot de la montaña, por la etapa, y que el paisajeestará ahí para paliar cualquier posible falta de emoción.



Etapa 18, jueves 24 de julio: Pau - Hautacam
Última oportunidad para los escaladores, que atacarán sí o sí. Sólo 145 kms (el día anterior la etapa es aún más corta), pero ni más ni menos que Tourmalet y Hautacam esperan a los corredores. El Tour saldrá casi decidido.



Etapa 20, sábado 26 de julio: Bergerac - Perigueux
La única contrarreloj del Tour, de 54km y  bastante accidentada, en la que las fuerzas de cada uno contarán probablemente más que las capacidades téctnicas. Salvo si la diferencia entre el primero y el segundo al llegar a esta etapa es abismal, habrá emoción.



¿Y la siesta? ¡Yo he venido aquí a dormir la siesta!

El Tour es generoso y también ha dispuesto unas cuantas etapas para que durmáis. Incluso los más amantes de las dos ruedas lo harán, no os sintáis mal. El calor de julio pega bastante regular con etapas de casi 200km completamente llanas y sin ningún tipo de emoción, así que acomodaos bien en el sofá... pero no os olvidéis de poner una alarma para el último kilómetro. las etapas más propicias para la siesta serán, en principio:

-Etapa 4, martes 8 de julio: Le Touquet- Lille
-Etapa 6, jueves 10 de julio: Arras-Reims
-Etapa 15, domingo 20 de julio: Tallard-Nîmes
-Etapa 19, viernes 25 de julio: Maubourguet - Bergerac


Y ahora que hemos dormido, ¿quién dices que va a ganar?

Parece mentira. Ya sois todos unos expertos en el Tour y, sin embargo, hemos llegado hasta aquí sin mencionar nombres. Sería por lo tanto muy tentador para mi , ahora que estáis empezando a confiar en mi opinión, empezar a hablaros de cierto corredor luxemburgués, que teniendo ya un Tour en su haber y siendo uno de los mejores escaladores de su generación, se presentó ayer en la línea de salida con un equipo fuerte que podría ser clave en su ascenso a la victoria... pero. Sí, hablo de Andy Schleck, flamante ganador del Tour del Solomillo, que lleva un par de años dando tumbos por las carreteras y que no parece que acabe de encontrarse a sí mismo. Esa es mi apuesta y creo que tiene condiciones de sobra para pelear por la victoria. Otra cosa es, claro, que decida hacerlo.

Pero pongámonos serios. ¿Quiénes son los favoritos de verdad? tres nombres encima de la mesa: Chris Froome (Team Sky), Alberto Contador (Tinkoff-Saxo) y Vicenzo Nibali (Astana Pro Team).



Froome defiende título, tras pasearse por Francia el año pasado e imponerse sin grandes esfuerzos y con una superioridad aplastante. Sin embargo, todo apunta a que este año sus rivales serán más fuertes que el pasado y a que su estado de forma es el de un ser humano y no el de un extraterrestre como nos tiene acostumbrados. Aún así, sus cualidades de escalador (lo distinguiréis por ser el tipo paliducho demasiado alto que se retuerce encima de la bici)  y contra el crono, así como la fuerza de su equipo hacen de él el favorito número uno.

Contador, por su parte, parece que vuelve a ser él tras un 2012 sin competir, y un 2013 en el que no parecía encontrar el estado de forma adecuado. Con cinco grandes vueltas en su mochila (más dos retiradas por el TAS) , parece que el español sabe cómo se ganan estas carreras. Además, y al contrario de lo que pasa con Froome, es bonito verle correr. Contador es impulsivo, de sangre caliente, y hay algo en sus piernas que le hace atacar en cuanto tiene la posibilidad, aunque le fallen las fuerzas. Esperemos que los presagios sean ciertos y volvamos a ver al Alberto de siempre en los puertos del Tour.

Uno de los corredores más regulares en grandes vueltas en los últimos años (dos victorias y cuatro podios entre 2010 en 2013), Nibali se siente preparado para asaltar el Tour, donde su mejor puesto hasta ahora es el tercer lugar que obtuvo en 2012. Con una buena progresión en lo que a montaña y contrarreloj se refiere, Nibali parece haber alcanzado una madurez como ciclista que podría permitirle llegar de amarillo a los Campos Elíseos.

Además de estos tres, nos mantendremos atentos a nombres como Alejandro Valverde en su enésimo intento por lograr ganar el Tour, Bauke Mollema, Andrew Talansky, Purito Rodríguez, o Jurgen Van den Broeck  entre otros.

¿Y los que no van a ganar, pero sí van a dejarse ver?

 En la lucha por las etapas, apuntad a Fabian Cancellara (ojito con la quinta), Rui Costa -actual campeón del mundo-, Peter Sagan, John Degenkolb (cuidado con la punta de velocidad de estos dos). Entre los sprinters puros, y tras la retirada de Mark Cavendish a causa de su caída en la primera etapa, parece que la cosa va a estar entre Marcel Kittel y André Greipel.

Entre los franceses, no sería un Tour, por supuesto, sin figuras ya emblemáticas como la de Thomas Voeckler y su espectáculo de muecas, y yo no me olvidaría tampoco de nombres como Sylvain Chavanel, Arnaud Démare, o Thibaut Pinot.



Tip extra: repetid los nombres de arriba de forma aleatoria mientras decís frases como "tiene una trayectoria interesante", "le falta un punto para estar entre los mejores", o "es una pena que no tenga una etapa que se adapte mejor a sus características", y os meteréis al público en el bolsillo.

Yo es que había venido aquí a ver hombres en mallas...

...y hombres en mallas tendréis. No os dejéis distraer por todas estas clasificaciones, etapas, y favoritos. Detrás de esos cascos y gafas de sol, hay ciclistas muy guapos. Es posible que su estilo de bronceado no sea lo más atractivo que hayáis visto nunca, pero esto segura de que mis lectores no sois gente tan superficial.

No os perdáis, por lo tanto, los ojos azules de Rui Costa, la sonrisa de Chavanel, el tupé rubio de Kittel, la cara de bueno de Yoann Offredo, el producto nacional representado por Rubén Plaza y por supuesto a Andy Schleck, para quien sobran las palabras. Lamentamos, eso sí, la pérdida de Mark Cavendish, sin duda maillot amarillo indiscutible de los guapos del pelotón.

Foto: Cycling tips


Bonus track: #noalasbarbas

Desde www.ariamsita.com luchamos activamente contra la invasión de talibanes barbudos a la que nuestra sociedad se está viendo condenada en los últimos tiempos (más info aquí). Os pedimos por tanto que neguéis cualquier tipo de apoyo y estéis en contra de la victoria de un sujeto altamente peligroso que trata de camuflarse entre la muchedumbre del pelotón: Luca Paolini.

6/28/2014

Notas rápidas sobre la visita de Pedro Sánchez a París

Llueve a cántaros en París para recibir a Pedro Sánchez, que aterriza a eso de las tres de la tarde y tiene su avión de vuelta a las ocho, para poder llegar a un programa de televisión por la noche. Llega con una sonrisa en la boca y se disculpa por el retraso. Zapatos oscuros, pantalón vaquero, camisa blanca impecable. Es muy alto, y en seguida te das cuenta de que sabe controlar cada uno de sus movimientos. Nos saluda a todos -somos pocos en la sala, aproximadamente una docena- con una sonrisa, un gesto, una frase. Te mira a los ojos cuando te habla.y te hace sentir escuchado. 



Empieza hablando de la necesidad de movilizar masivamente al electorado. De que es hora de que los votantes del PSOE que están dejando de confiar en el partido vuelvan a hacerlo. Me gusta cómo habla, su forma de comunicar. Sabe muy bien lo que tiene que decir y cómo debe decirlo. Dice que quiere un partido más abierto, menciona la rendición de cuentas y la necesidad de que, sin caer en asemblearismos, se realicen consultas directas a militantes sobre temas importantes. Se centra sobre todo en el voto rogado.

Rechaza la idea de algunos sectores del partido de hacer que el PSOE se intente parecer a Podemos, y habla de la paradoja de que mientras una plataforma trata de convertirse en un partido, un partido parezca querer convertirse en una plataforma.

 

Cuando un compañero le pregunta por el equipo del que piensa rodearse, Sánchez habla de una dirección renovada y ejemplar, basada en dos pilares: un fuerte espíritu socialista, y sobre todo, que sean personas preparadas y competentes en cada materia las que se ocupen de los diferentes asuntos del partido.

Llega mi turno en la ronda de preguntas y, aunque me habría gustado interrogarlo sobre mil cosas el tiempo es el que es y me decido por el contrato único. Sabiendo que Pedro ya se ha opuesto a esta fórmula, le pregunto cuáles son las soluciones audaces de las que habla en esta entrevista como solución a la dualidad. Sin llegar a concretar en su respuesta, me dice que como economista comprende el por qué del contrato único, y que entiende la necesidad de simplificar trámites y contratos en nuestro mercado laboral. Sin embargo, no cree que el contrato único sea la fórmula adecuada para acabar con esta dualidad y habla de los riesgos de que este sistema pudiese abaratar el despido.

Antes de irse, Pedro Sánchez enumera los tres problemas principales a los que cree que el PSOE debe dar solución cuanto antes: el enorme aumento de la desigualdad en España a causa de la crisis; una verdadera regenaración política y el impulso de una ley de partidos que intervenga en la financiación de los mismos limitando mandatos, estableciendo cuotas de paridad y límites a la financiación privada; y, por último el problema territorial, y en especial el caso catalán del que no tiene tiempo de hablar.

Una visita demasiado corta para poder abordar todos los temas sobre los que yo, personalmente, creo que debería hablar un candidato a la Secretaría General del PSOE, pero quiero aprovechar para dar las gracias a Pedro Sánchez por acercarse hasta París y compartir con nosotros el modelo de partido que quiere. 

6/01/2014

Pablemos: una historia de amor

"Pablemos, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Pa-bli-to: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Pa.ble.mos. Era Pab, sencillamente Pab, por la mañana, un metro setenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Pablo con pantalones. Era Pablito en la escuela. Era P. Iglesias cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Pablemos"

Había oído hablar de él antes de las elecciones. En tuiter, sobre todo, porque mi casa es demasiado pequeña para tener una televisión. Cuando presentó su candidatura a las europeas, debo reconocer que no sentí especial interés. Me pareció que no era sino un mal imitador de mi muy admirado Alberto Garzón. Que decía un poco lo de siempre. Que Pablemos no era para tanto.

Todo mi escepticismo acabó cuando llegó, no sin hacerse de rogar, el sobre con el voto por correo a mi casa. Así, vi aparecer su cara entre el resto de candidaturas que me decían más bien poco. Él, sin embargo, me miró intensamente, con esa mirada de quien tiene la receta para salvar el mundo y ha decidido compartirla con la humanidad; y me dijo que me quería. No hubo vuelta atrás.



Os prometo que quería votarle. Todas las células de mi cuerpo, antaño socialistas, tildadas de neoliberales por más de uno, habían visto la luz. Mientras me hacía la cucharita por las noches, Pablemos me hablaba de una nueva realidad de Europa del sur en la que todo sería posible. Renta básica para todos los ciudadanos, bajar la edad de jubilación, subir el salario mínimo...



- Pero Pablemos- dejó claro desde el principio que era así como quería ser llamado-, ¿cómo pagaremos todo esto?
- Acabaremos con el fraude, Ari, y con los paraísos fiscales, y....



Se sucedieron entonces cenas románticas, paseos de la mano por París, conversaciones interminables sobre ese mundo más allá del arco iris al que prometió llevarme en  su unicornio alado el día que ganase las elecciones.





Llegó entonces el día 25. El día en que yo debía separarme de él y depositarlo en una urna. Hacer que mi amante , confidente y mejor amigo se fuese a Bruselas a luchar por esa unión de la Europa del sur en la que nos librásemos de la deuda ilegítima, devaluásemos monedas inexistentes, y nos pusisiésemos a exportar locamente no sé sabe muy bien qué ni con qué energía. El caso es que no pude. No podía soportar la idea de una vida sin él. Pablemos me llamó egoísta, me habló del bien común, me dijo que debía hacer lo correcto... pero yo me ahogaba en lágrimas de agudo dolor y lo aferraba fuere entre mis brazos.

-Está bien, Ari. Me quedo contigo. Pero al menos, ayúdame a hacer la coleta perfecta.



Pasamos horas entre champús, mascarillas y desenredantes. Cepillando su sedosa melena una y otra vez. El coletero a juego con la corbata. Planchando la camisa de Alcampo, pero no demasiado, todo el mundo sabe que el almidón es la casta. Lo vi salir de casa con esa confianza en sí mismo de rebelde que se dirige a destruir el sistema desde dentro. Lágrimas de orgullo resbalaron por mis mejillas al ver cómo su coleta ondeaba, etérea, ante las ráfagas de viento que soplaron aquella noche.

Y entonces, los resultados. Pablemos sabía que al menos él sería elegido. No tenía muy claro si había alguno más aparte de él en las listas, tampoco importaba. "Con suerte saco dos o tres y puedo tumbarme en horizontal en el parlamento en vez de estar sentado en un solo escaño". La cifra nos sorprendió a todos: cinco. Pablemos,  el gran triunfador. Pablemos, estrella mediática. Él, sereno, dijo que el resultado no era suficiente. Que estaba aquí para ser una opción mayoritaria. Todos lo conocían, todos habían estado con él desde el principio, todos hacían su análisis. Algunos lo increpaban, otros lo trataban como un mesías. Pablemos, el fenómeno mediático.

Fue entonces, en medio de todas las voces, del ruido, de la euforia de unos y la rabia de otros, cuando entendí por fin el regalo que me había hecho la vida al traer su papeleta a mi buzón, al permitirme amar y ser amada por el hombre que hizo que un país creyera en los unicornios.





5/29/2014

Mis cien razones por las que vivir

Durante las últimas semanas, han salido en Jot Down dos (una y dos) listas de cien razones por las que vivir, inspiradas, a su vez, en este vídeo de Woody Allen. No he podido resistirme a aprovechar el día festivo para contaros las mías :


1. Cuatro cisnes bailando en perfecta armonía, y El Lago de los Cisnes en general.


2. Bailar en una tarima, mesa, silla, barra o cualquier tipo de superficie elevada.

3. Cantar enfervorizadamente esta canción en cualquier tipo de situación.


4. La Venus del Espejo, de Velázquez.


5. Bernini y su Roma. 

6. Cocinar macarrones con queso.

7. Darte cuenta de que has interiorizado algo tras horas estudiando. 

8. Los hombres sin barba.

9. Jimmy McNulty.

10. Las proposiciones de matrimonio con Manolos en vez de diamantes.


11. Las orillas del Sena cuando brilla el Sol. 

 12. Las montañas rusas. 

13. Los gatos. Sobre todo él.


14. Margarita, está linda la mar...

15. Cantar esto con mamá


16. Comer con las manos.

17. Hey There Delilah, de Plain White T's

18. El Domaine de Chantilly.


19. Estrenar material escolar.

20. El olor a Nenuco.

21. Audrey Hepburn 

22. Humphrey Bogart en Casablanca

23. Llorar escuchando Cadilac Solitario en concierto

24. Ver Chicas Malas recitando todos y cada uno de los diálogos



25. Hacer eso mismo con Star Wars

26. Rafa Nadal.


27. Ver ganar a Fabian Cancellara y saber que está haciendo historia.

28. El ciclismo.

29. Las suelas rojas de los zapatos de Louboutin.

30. Ir a un estadio de fútbol y transformarte en hooligan durante 90 minutos.

31. Que Balú no se muera en esta escena


32. La escena de Legolas y el olifante en El Retorno del Rey .

33. Botticelli.

34. Los cuadros religiosos de antes del Renacimiento, y observarlos mientras recitas los Santos de izquierda a derecha.

35. Rhett Butler.

36. Siete Novias para Siete Hermanos


37. El guiso de carne de mamá.

38. Los vuelos low-cost

39. Los besos que te hacen levantar el pie.

40. Los Nenúfares de Monet en la Orangerie



41. Harry Potter. 

42. Zara.

43. Los geles de ducha de frutas.

44. EL zumo de albaricoque.

45. Los percebes.

46. Bañarse en el mar y secarse al Sol.

47. Venecia.


48. El 2x12 de Los Soprano.

49. El 4x18 de Sexo en Nueva York.

50. Cualquier cuadro de Canaletto.

51. Chamuscarse en la playa entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde.

52. La lluvia torrencial.

53. Los besos mojados.

54. Los rotuladores fosforescentes.

55. Desayunar en el cesped de delante del Louvre


56. Merendar también me vale.

57. La Nutella

58. Conducir por carreteras perdidas cantando como si no hubiese mañana.

59. Peter Pan, de J.M. Barrie.

60. Leonardo Dicaprio.




61. Releer un libro y que te cuente una historia diferente a la de la última vez.

62. Releer tus propios diarios de adolescente.

63. Beber vino en taza de desayuno.

64. Creer muy fuerte en algo. Lo que sea.

65. Comer hamburguesas en Hamburgo y salchichas en Frankfurt.

66. La vista desde lo alto del Parc Güell.

67. La Noche de Reyes.

68. Saltar la hoguera de San Juan de la mano de papá.


69. El cuento de La Princesa y el Sapo contado por mi abuela. 

70. La macroeconomía.

71. Meter los pies en unas UGG.

72. La primera vez que sueñas en otro idioma.

73. El Tour que ganó Carlos Sastre.

74. No saber nada de alguien y poder preguntárselo todo.

75. Las Rebajas.

76. La Primavera
77. El té negro con una nube de leche.

78. La chick-lit (la de verdad, la de Candace Bushnell, Sophie Kinsella y Helen Fielding).

79. Anna Karenina.

80. Los orgasmos.

81. El sexo con calcetines.

82. Esto:



83. La tortilla sin cebolla.

84. Recibir un mensaje inesperado del chico que te gusta.

85. El champagne. Si es Dom Perignon, mejor. 

86. La escena final de Báilame el Agua.


87. La trilogía de Los Mosqueteros, de Dumas. 

88. Bécquer.

89. Saber que formas parte de la misma especie que Alejandro Magno.

90. Dragon Ball Z.

91. Los días en los que no llegas a quitarte el pijama.

92. Las vírgenes pintadas por Rafael.


93. Las iglesias góticas.

94. El mar enfurecido.

95. Que de entre todos los espermatozoides que querían llegar primero al óvulo, ganases tú.

96. Cualquier tipo de actividad que implique revolcarse por el suelo.

97. Tchaikovsky.

98. Los días largos del principio de verano y las terrazas eternas. Si es en Galicia, mejor. 

99. Reír hasta que salten lágrimas, te duela la barriga y tengas que tirarte al suelo a patalear.

100. Saber que en algún lugar del Universo, en una galaxia muy muy lejana, vive Luke Skywalker.